Cristóbal Marín Martínez e Irene Blaya Huertas
Queridos hermanos en Don Bosco:
Ante todo, compartir con la Familia Salesiana, y especialmente con los Salesianos Cooperadores, que este año 2025 en Hogares Don Bosco estamos de Aniversario. Desde el año 1965, han pasado 60 años siguiendo a Don Bosco.
Agradecemos la semilla que plantaron aquellos primeros matrimonios de Cooperadores Salesianos de Cuenca, en España, cuando iniciaron las primeras reuniones de grupos de matrimonios que, bajo la dirección espiritual del salesiano Don Benito Castejón, abrieron la puerta al nacimiento de la pastoral familiar salesiana de Hogares Don Bosco.
Ahora, retrocediendo en la historia, queremos dar testimonio del mérito que tuvo el matrimonio cristiano, en sus primeros tiempos como ejemplo y modelo de conversión en los siglos III y IV D. C.
En el mundo greco-romano, las relaciones sanas en el matrimonio era una excepción, no la regla.
En aquel tiempo, ni las mujeres helenas, ni las romanas podían decidir con quien, ni cuando se casaban. Sus maridos podían divorciarse de ellas impunemente, pero ellas, solo podían ganarse el divorcio si tenían un pariente varón que las buscara en su nombre. Sí podía, el padre o un hermano de una mujer helena conseguir su divorcio contra su voluntad.
Entre los paganos, era frecuente, un acuerdo de los padres de niñas de corta edad para casarse con hombres mucho mayores.
Los maridos de las mujeres helenas y romanas podían dar muerte a un bebé no deseado u obligar a la esposa a abortar.
Había un contraste tan radical entre el matrimonio pagano y su visión de los sexos, con el matrimonio cristiano que defendía la igualdad entre los sexos. Era una igualdad en la dignidad que otorgaba el Evangelio a las mujeres, que no existía en ningún otro lugar.
En el cristianismo el sexo se consideraba un gran bien y se celebraba dentro del matrimonio. Para los paganos, la voluntad de poder tener y aceptar hijos – tanto niños como niñas – era revolucionaria.
En vista de la cultura y las normas de las relaciones en ese tiempo, el impacto del mensaje de Cristo para muchos hombres y mujeres, que debió de ser magnético para sus deseos de libertad.
Jesús, había elevado el matrimonio a la categoría de sacramento, donde los esposos con la gracia del Espíritu Santo, vivieran una entrega mutua de amor y generación de vida, aceptando los hijos e hijas como una bendición de Dios.
San Pablo describe el matrimonio como un icono del amor de Cristo por la Iglesia y el amor de la Iglesia por cristo. Y, también les proporcionó a las mujeres una idea en sus derechos conyugales (1 Corintios 7:3).
Según, algunos historiadores en sus investigaciones dicen que, la atracción que se tenía por el Evangelio en el mundo pagano greco-romano, era el ejemplo que daban los cristianos por la forma sana, libre y de igualdad que vivían sus relaciones.
Pero, lo más atractivo, especialmente para las mujeres, era lo diferentes que eran las relaciones de igualdad del matrimonio cristiano.
Actualmente, el matrimonio cristiano sigue siendo una fuente de conversión, para los propios esposos, que día a día experimentan la gracia de Dios en sus vidas y a la vez, son un ejemplo para sus familias y para que otros puedan descubrir su belleza.
A grandes alturas por caminos estrecho
(Ernesto de Brandeburgo)