Borja Pérez Galnares

Empezamos el tercer mes del año y con él nos metemos en pleno tiempo de Cuaresma, un tiempo que en este curso proponemos vivir desde las claves asociativas de este año, la renovación (segundo año de preparación al 150 aniversario) y la llamada a la misión (tercer año del Plan Llama para el trienio 2022-25).

La Cuaresma nos prepara y nos renueva para vivir con gozo el misterio de la Pascua. Como salesianos cooperadores, la Cuaresma es una invitación también a una conversión que nos renueve y nos ayude a ser más auténticos en nuestro testimonio evangélico en clave salesiana a través de nuestras actividades cotidianas. Estamos igualmente llamados a vivir este tiempo con un compromiso renovado, participando activamente en la vida de nuestra comunidad cristiana más cercana, nuestros centros locales y en las prácticas más típicamente cuaresmales como la oración, el ayuno y la caridad.

La Cuaresma es, ante todo, un tiempo de renovación interior. Porque necesitamos renovarnos por dentro para poder transformar el mundo cambiante y dinámico en el que vivimos. En la espiritualidad salesiana, esta renovación se vive con un espíritu de alegría y esperanza, confiando en la misericordia de Dios. Porque Don Bosco nos enseñó que la santidad consiste en estar siempre alegres, en hacer el bien para transformar el mundo desde la pedagogía de la bondad. En este tiempo de preparación a la Pascua, renovarnos implica, con esperanza y alegría, llevar a cabo un examen de conciencia sincero, reconociendo nuestras faltas, nuestros puntos de mejora y buscando la reconciliación con Dios y con los demás. Las prácticas cuaresmales, como la confesión y la participación en los sacramentos, son medios privilegiados para esta renovación.

En clave apostólica como salesianos cooperadores, vivir la Cuaresma es una invitación a profundizar en nuestra identidad laical, a responder con generosidad a la llamada misionera y a renovarnos interiormente en nuestra llamada a la misión. Siguiendo el ejemplo de tantos hermanos y hermanas que nos precedieron, estamos llamados a vivir este tiempo con alegría, esperanza y un compromiso renovado con nuestro proyecto de vida y nuestra misión en el mundo, que nos ayude a dar respuestas renovadas, con vino nuevo, a los retos del mundo de hoy.

La Cuaresma igualmente nos invita a redescubrir nuestra vocación misionera desde nuestro testimonio auténtico de vida cristiana en nuestro entorno cotidiano, que en sí mismo nos pone en misión y nos conecta con la llamada a ser luz que proponemos este año desde la Región Esta llamada a la acción se intensifica en Cuaresma, un tiempo para salir de nosotros mismos y servir a los demás, especialmente a los más necesitados.

En definitiva, la Cuaresma nos ofrece la posibilidad de renovarnos para dar un testimonio renovado en clave salesiana, desde la esperanza y la alegría. En el contexto de este 2025 en el que celebramos el Jubileo de la Esperanza, esta Cuaresma es una oportunidad para profundizar en nuestra vida cristiana, renovando la esperanza en Dios y viviendo la fe de manera más auténtica y comprometida, en una llamada a la conversión y a la acción recordándonos que, a través de la misericordia y el amor, podemos ser testigos de la esperanza en el mundo.

El pasado es otro presente
(Giulio Preti)