Varias fuentes

Como todos los años en el mes de enero se celebraron las Jornadas de Familia Salesiana. Estas Jornadas sirven para la presentación y profundización del Aguinaldo del año: «Anclados en la esperanza, peregrinos con los jóvenes».

El tema fue elegido en colaboración entre el Rector Mayor de la Congregación, el Cardenal Ángel Fernández. Artime, y su Vicario, don Stefano Martoglio, quien desde el 17 de agosto asumió el gobierno de la Congregación hasta el 29º Capítulo General (del 16 de febrero al 12 de abril de 2025). De hecho, como explicó el propio Rector Mayor en el documento de presentación del tema del Aguinaldo, el trabajo “a cuatro manos” se centró específicamente en la elección del tema y su presentación, mientras que el comentario al Aguinaldo propiamente dicho será desarrollado íntegramente por el Padre Martoglio, quien, en representación del Rector Mayor, también se encargará de presentarlo oficialmente a las Hijas de María Auxiliadora y a toda la Familia Salesiana – como es habitual, en los últimos días de diciembre.

Los elementos fundamentales que motivaron la elección del tema son dos importantes eventos previstos para este año: el Jubileo ordinario del año 2025, que el Santo Padre Francisco ha convocado con su bula Spes non confundit (La esperanza no defrauda, Rm. 5,5); y el 150° aniversario de la primera Expedición Misionera Salesiana, enviada por Don Bosco a Argentina.
“Todo esto nos llevó a pensar que el Aguinaldo para el 2025 debe tener en su centro la ‘esperanza’ y el camino que recorreremos con los jóvenes. Esto justifica el título: «Anclados en la esperanza, peregrinos con los jóvenes»”, escribe el X Sucesor de Don Bosco.

En la presentación del tema del Aguinaldo para el 2025, proporcionada como es tradicional en este momento del año para permitir planificar el nuevo año educativo pastoral a partir de septiembre, el Cardenal Fernández Artime y don Stefano Martoglio ofrecen diversas ideas sobre cómo prepararse para vivir cristiana y salesianamente el próximo año, extrayendo ideas para el Aguinaldo de la bula pontificia, así como de las palabras de esperanza (vivida, realizada, a veces herida) de los jóvenes de todo el mundo.

Dentro de todas las intervenciones en las jornadas queremos destacar la homilía de don Stefano Martoglio el domingo día 19:
Queridos miembros de la Familia Salesiana, amigos y fieles que estáis presentes en la Basílica u os conectáis a través de los medios de comunicación, el Señor que nos ha convocado para estos días de encuentro y ahora nos acompaña en la comunión con Él en esta Eucaristía nos nutre con su Palabra que es Esperanza y Presencia de su Misericordia.

La Palabra nutre nuestra Esperanza con el signo del milagro de Caná, Dios nos da el Vino Nuevo, nos da la vitalidad que viene de Él, que es su presencia, y da «vida» a nuestra vida.

Mientras damos los primeros pasos en el Tiempo Ordinario, en el camino del año litúrgico, el Evangelio nos viene inmediatamente al encuentro con María, la Madre de Jesús, en el relato de las «Bodas de Caná». A través del episodio del Evangelio, San Juan nos hace ver la misión materna de María, Madre de la Iglesia, Auxiliadora nuestra… María que se da cuenta, que prepara la acción del Hijo Jesús, ¡que intercede!

María se da cuenta de que «no tienen vino»… previene un desastre, un banquete sin vino, sin alegría. María nos lleva hacia nuestra Felicidad, nuestra Esperanza… la Presencia de Cristo… «¡haced lo que él os diga!»

La primera lectura prepara esto, la mediación de María: «por amor de Sion no callaré, por amor de Jerusalén no descansarè!… esta palabra esculpida en el corazón de Madre de María la impulsa a darse cuenta, a mediar, a interceder, por nosotros, por mí, por todos, ¡siempre!

Jesús parece no escucharla, casi le da una mala respuesta… pero no es así. Jesús profundiza en la petición de María y busca la respuesta más profunda: ¿cuál es la fuente de la alegría, de la esperanza? ¡La fe!

La fe nos lleva a la esperanza que es Cristo, y nos lleva juntos. Queréis que el Cristo no se hubiera dado cuenta de nada, que iba a suceder un desastre? Jesús espera la intervención de María, porque esta intervención lleva al camino de la fe: ¡Haced lo que él os diga!

Es siempre así, es para todos así, y es para todos juntos. Crecer en la fe es crecer en el camino de obediencia. Los siervos obedecen a María. ¡Dios, todopoderoso, tiene necesidad de ti, necesita de mí!… es una cosa infinitamente más grande que nosotros. Es el corazón de Dios.

Y es un milagro inmenso, inconmensurable, es el milagro de la Presencia de Dios.

La Presencia de Dios se manifiesta en la presencia particular de cada uno de nosotros, si es dócil en la fe. Cada uno de nosotros se convierte en Esperanza para los demás, signo de la presencia de Dios «manifestación particular del Espíritu para el bien común», como nos dice la segunda lectura.

Esta luminosa Palabra de Dios que la liturgia nos da en este domingo, corona y confirma nuestras Jornadas de Espiritualidad, de la FS, nos recuerda la Presencia desbordante de Dios, nuestra Esperanza, y nos pide ser signos de Esperanza los unos con los otros, «Anclados en Cristo, peregrinos con los jóvenes, peregrinos con el mundo!».

Como conclusión de las Jornadas de Familia Salesiana se publicó el kit del peregrino donde se recogen las conclusiones del trabajo de los participantes de las jornadas. Os animamos a trabajarlas en los Centros locales y hacerlas vuestras y llevarlas adelante durante este año.

KIT DEL PEREGRINO

  • Las sandalias (la decisión de caminar): Las sandalias representan el primer paso de una esperanza viva y dinámica, que nos impulsa a caminar juntos con coraje hacia un futuro mejor. Como Don Bosco, elegimos apostar por los jóvenes, escuchándolos y acompañándolos en sus sueños, para construir un mañana lleno de posibilidades.
  • El bastón de la fe (el sostén): El bastón es símbolo de la fuerza que nace de la esperanza, un don que nos sostiene en los momentos de desafío. La fe en Cristo, que es nuestra esperanza, nos guía con gratitud y responsabilidad, invitándonos a ser testigos de su amor y a transformar las dificultades en oportunidades.
  • La Biblia de bolsillo (hoja de ruta): Este pequeño libro es nuestra guía para vivir la esperanza arraigada en el Evangelio. La Palabra de Dios nos invita a mirar al presente sin caer en el presentismo, sino como tiempo de gracia, memoria de un futuro lleno de promesas, que construimos con fe y creatividad.
  • La botella de agua (bautismo y purificación): El agua recuerda el don del bautismo, fuente de esperanza y de nueva vida, y simboliza la purificación necesaria para renovar el corazón y el alma. Nos invita a vivir con responsabilidad y gratitud; cada gota representa la providencia divina que nos renueva e inspira a dialogar con el mundo, promoviendo un futuro sostenible para todos. Ser portadores de esperanza significa saciar la sed de sentido, purificar el mundo con gestos concretos de amor y solidaridad, y transformar nuestra vida a través del diálogo, la creatividad y la escucha.
  • El pan, el vino (Eucaristía): Estos símbolos de la Eucaristía encaman el amor que se da, alimentando la esperanza en nuestras comunidades. Con gratitud vivimos la Eucaristía como testimonio del don de Cristo y como fuerza para ser responsables en la construcción de un mundo más justo y pacífico.
  • El rosario (la compañía de María): El rosario nos recuerda que María es nuestra guía y compañera en el camino de la esperanza. Con ella aprendemos a confiar cada paso a la providencia divina y a guardar en el corazón el presente, como tiempo de gracia y promesa de un futuro lleno de luz.

Hemos sido engendrados para la sociedad
(Séneca)

Al bien hacer jamás le falta premio
(Cervantes)

El optimista cree en los demás; el pesimista, sólo en sí mismo
(Gilbert Keith Chesterton)