Joaquín Torres Campos

Con gran alegría, nos disponemos a celebrar la Navidad de este año 2025. Durante la misma se cerrará la Puerta Santa, que nos ha brindado el júbilo del Año Santo de la Esperanza. Y, también en esta Navidad, se abrirá la Puerta de un nuevo año jubilar. Esta vez, el nuestro, el de los Salesianos Cooperadores de todo el mundo, al celebrar los 150 años de nuestra fundación.

El artículo 18 del PVA/E nos recuerda, en nuestro estilo de relaciones, las virtudes propias de Navidad: practicamos “la amabilidad como signo del amor de Dios, e instrumento para despertar su presencia en el corazón de todos los que encuentra. Estamos dispuestos a dar el primer paso y a acoger siempre a los demás con bondad, respeto y paciencia. Tendemos a suscitar relaciones de confianza y de amistad para crear un clima de familia modelado con sencillez y afecto. Suscitamos la paz y buscamos en el diálogo la explicación, el consenso y el acuerdo”.

Cristo se encarnó para que tuviéramos cerca a Dios. Los Salesianos Cooperadores acercamos a Cristo al mundo, para que siempre le tengamos cerca.

No nos vino de galaxias lejanas…
Que, desde las tiernas entrañas
de un sencillo seno,
se plantó en medio de nosotros,
para tenerle cerca.

Se encaramó a nuestra carne
y nuestro barro recobró la vida.
Su sangre mezclose en limo,
y el mundo volvió a ser fértil.

Trajo la paz de la lucha inquieta:
no cejar ante injusticias vanas,
corajear ánimo y mantenernos en pie,
quebrar la trama y la vara insanas.

Escondido en un portalucho,
sin calle ni dirección,
se le encuentra
buscando la senda,
-no trazada por algarabías
de tiras de led o neón-,

sino yendo por el camino,
desvelado por candelas
de natural aceite o cera,
-las velas de nuestras vidas-,
titilando en haces de luz,
vaciándose en fuego y calor.

¡Feliz Navidad!